Los límites los impone la creatividad individual, pero coloca además en manos de los facilitadores, más que nuevas responsabilidades, nuevos ámbitos de acción, con necesidades como:
-Crear nuevos espacios y objetos con características intercambiables y configurables.
-Definir las características y “condiciones” de comunicación para evitar frustraciones y abandonos (Lugar, hora, objetos, etc).
-Diseñar materiales guía para aquellos “migrantes digitales” que los ayuden paso a paso en el proceso de asimilación de nuevos conocimientos y destrezas.
-Estimular la experimentación, el intercambio, el “aprender haciendo”, y el aprender viviendo, desenvolviéndose.
-Olvidar las horas cátedras, y pensar en rutas de aprendizaje, en metas de aprendizaje.
Así que, finalmente, todos debemos tener una actitud de apertura a los espacios nuevos, a nuevas herramientas, a actualizaciones, a vivir el aprendizaje, a “inmersarnos” (habrá que acuñar la palabra) en estos mundos y ser los protagonistas de nuestras historias, a desaprender costumbres para aprender destrezas, competencias y habilidades de intercambio y crecimiento en red, a crear conexiones.



